SOBRE EL PRINCIPIO FEMENINO Y MASCULINO
EN LO INDIVIDUAL Y LO COLECTIVO.
(Nociones sobre La Unidad)
Fragmentos del texto "Desarrollo del principio femenino en la conciencia humana" de Sukie Colegrave*, del libro Ser Mujer. Edición a cargo de Connie Zweig.(1)
[…] La benevolencia del gobierno de la Gran Madre(2) sobre la conciencia humana continúa mientras que es útil para las necesidades de desarrollo del individuo o el grupo. Pero cuando un alma está preparada para experimentar su libertad e individualidad, su capacidad para darse cuenta y comprender y su potencial de relación y de amor humano, el poderoso abrazo de la totalidad inconsciente de la Gran Madre deja de sentirse como un útero cálido y seguro y empieza a ser sentido, desde la perspectiva de la naciente conciencia del “yo” como devorador, claustrofóbico y amenazante. En esos momentos, las imágenes de su generosidad son eclipsadas en los sueños y en la mitología –que son los espejos colectivos e individuales del desarrollo psicológico- por imágenes de su naturaleza demoníaca. En la antigua China se convirtió en la Gran Madre de Occidente, una horrible criatura con cara humana, dientes de tigre y rabo de leopardo que moraba en la cueva de una montaña y dominaba las plagas y la peste. En la mitología asirio-babilónica, Tiamat, que dio a luz al mundo también era una imagen de caos primitivo y ciego “contra la que luchaban los Dioses inteligentes y organizadores”. Y en la mitología hindú, Kali, la madre divina tiene otra cara como la Terrible Mujer Araña las fauces del abismo que todo lo devoran.
Para diferenciarse del gobierno de la Gran Madre, y para derrocarla, la lucha de la nueva conciencia emergente adopta formas muy diversas, pero todas comparten una característica esencial. Todas ellas reflejan la energía masculina, ya sea individual o colectivamente, esforzándose por separarse de su abrazo inconsciente con la Gran Madre, para poder reclamar y afirmar su autoridad y poder independientes. Este nacimiento a la conciencia del arquetipo Masculino y su posterior victoria sobre el arquetipo de la Gran Madre inauguran la era del patriarcado psicológico, en el terreno histórico y en el plano individual.
Hoy día, cuando muere a su pesar y con resistencia el reino ya caducado del Gran Padre(3) en nuestra psicología y culturas colectivas es fácil olvidar que, como la era de la Gran Madre, la época patriarcal ha cumplido un objetivo esencial y creativo en la evolución humana. Su orientación psicológica fue una condición previa para el nacimiento de la feminidad consciente y el desarrollo de la totalidad humana – y continúa siéndolo en ciertos momentos de la transición de la infancia al estado adulto, tanto en hombres como en mujeres-. La energía heroica masculina que logra diferenciarse del abrazo oscuro e inconsciente de la Gran Madre, rompe el mundo psíquico de una manera que permite distinguir entre el “yo y e “tú”, la materia y el espíritu, macho y hembra. Con ello, inaugura una revolución en la experiencia, la percepción y la comprensión del ser humano.
Mediante su energía y su poder, la conciencia individual y colectiva logra arrebatar del inconsciente la experiencia de la discriminación, la individualidad, y la otredad. De este modo, desarrolla la capacidad de libertad y de elección, así como hasta cierto punto y en ciertos niveles, a capacidad de comprender y con ella, de controlar muchos de los acontecimientos hasta entonces impredecibles de la vida material y psicológica. Por otra parte, la hegemonía del Gran Padre nos permite simplificar los mecanismos de la supervivencia física y del bienestar de manera suficiente como para proporcionarnos un espacio y un tiempo para escuchar y para explorar otras dimensiones de nosotras/os mismos.
El abuso considerable y bien documentado de las mujeres y de la tierra, la negación y desvalorización de lo Femenino y la devastación de lo físico y de lo instintivo causada por las guerras políticas y económicas producidas por el poder egótico del Gran Padre, son más un reflejo del sometimiento individual y colectivo a su dominio competitivo, separativo y jerárquico, que una consecuencia inevitable de su presencia.
Sin la aparición y maduración de la energía masculina, tal vez no habríamos desarrollado hoy día un sentido suficiente de nuestra propia individualidad, para poder invitar y acoger lo Femenino en la conciencia –en nuestro interior y en las esferas sociales, políticas y económicas-. Sin su energía arquetípica quizá seríamos incapaces de escuchar y de seguir los hilos que dan vida a los mundos de los opuestos y los conectan entre sí; mundos que el poder discriminador masculino ayudó a desvelar y, en parte, a crear.
Como intuyeron los antiguos sabios, el alma se desarrolla mediante la atracción de los opuestos y su relación con ellos, en especial de la materia y del espíritu y de los dos brazos de la Divinidad, lo Masculino y lo Femenino-. La revolución patriarcal en la conciencia humana, junto con sus reflejos culturales, sociales y políticos, nos posibilita reconocernos y desarrollar uno de los brazos de este ser divino. El desequilibrio psicológico creado por la hegemonía Masculina invita a penetrar en la conciencia a “lo otro”, el complemento Femenino.
Así como los hombres tendieron a ser los iniciadores de la revolución patriarcal, las mujeres han tendido a concebir y gestar el nacimiento de lo Femenino consciente a partir del abrazo de la Gran Madre. No las mujeres que, enfadadas por la opresión del género bajo el patriarcado, han intentado convertirse en patriarcas dentro de cuerpos femeninos, ni las que han intentado dar la espalda al camino psicológico por nostalgia del dominio sexualmente indiferenciado de la Gran Madre, sino aquellas que codo con codo, y honrando lo Masculino dentro de os hombres y de las mujeres, han empezado a escuchar y dar la bienvenida a la conciencia a las semillas que germinan de lo Femenino. Estas mujeres no imitan las pautas patriarcales, intentando poner lo Femenino al servicio del ego personal o identificarlo con el cuerpo de la mujer. Y esto porque, mientras que la naturaleza jerárquica y separativa del arquetipo masculino es la de crear un mundo a su imagen y semejanza unilateral y fragmentadora, la naturaleza de lo Femenino es la de reconocer, experimentar, recibir y nutrir la totalidad. Mientras que lo Masculina diferencia los opuestos, lo Femenino fomenta la relación entre ellos tal como viven y se manifiestan en cada nivel de existencia, así como la comunicación sexual, las energías complementarias dentro de cada alma humana, los dos modos de pensar, el analítico y el analógico, y los dos polos del universo, la materia y el espíritu.
Mientras que lo Masculino separa, discrimina, controla, conquista, aguanta, supera, lucha y crea, lo Femenino recibe, permite, transige, absorbe, disuelve, une, conecta y gesta.
Así, mientras que lo Masculino y la revolución patriarcal posibilitaron que emergiera a la conciencia el “yo” individual desde las profundidades subterráneas e inconscientes de útero de la Gran Madre, el despliegue de lo Femenino dentro del alma permite a este “yo” individual empezar a retornar y conectar con su ser más vasto: su cuerpo su alma y el espíritu universal; le permite reconocer su relación con la comunicad más amplia de la vida terrestre y cósmica, con la unidad divina que da existencia a las partes separadas, a los pueblos, a las naciones, a los planetas y a las estrellas. Lo Femenino permite que vivamos el mundo y nos vivamos a nosotras/os mismos/as en un cambio desde una perspectiva yo-ello, a una Sición yo-Tú y después “yo soy” y “todo es nosotras/os” […]
*Psicóloga Junguiana y estudiosa de la lengua e historia china
1) Woodman, Shinoda Bolen, Eisler, A. Johnson, Singer, Metzger, Young-Eisendarth, Whitmont. Ser Mujer. 1990, Ed. Kairós
2) "Gran Madre", referente al patrón universal de "lo Femenino" de la psique humana que Jung llamaba arquetipo y que no está restringido a un género sino que está presente tanto en mujeres como en hombres. Referente también a la Conciencia Matriarcal dentro del contexto del desarrollo colectivo humano.
3) "Gran Padre", referente al patrón universal de "lo Masculino" de la psique humana que Jung llamaba arquetipo y que no está restringido a un género sino que está presente tanto en mujeres como en hombres. Referente también a la Conciencia Patriarcal dentro del contexto del desarrollo colectivo humano.