DE LA ORACIÓN I
PREPARAR Y DISPONER
PREPARAR Y DISPONER
Fragmentos de Cuéntame cómo rezas. Orar en primera persona, de Carlos G. Vallés
Mi padre Ignacio* comienza sus célebres Ejercicios Espirituales comparándolos, en su clásica introducción, a los ejercicios corporales: «Así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corporales, por la mesma manera todo modo de preparar y disponer el ánima..., se llaman exercicios espirituales». Y me aprovecho de esta comparación para aplicar a los ejercicios de oración el buen consejo de los ejercicios físicos: lo sabio es escoger una manera de oración diaria que nos sea agradable practicar. Si no es así, pronto la dejaremos o, lo que en mi opinión es peor, ese rato diario de oración se transformará en algo rutinario, forzado, esclerotizado, que puede hacer más mal que bien, secando energías y endureciendo actitudes. Es esencial que el ejercicio nos guste si queremos perseverar en él.
[...] Después agarré la bicicleta. Mi ciudad de Ahmeabad y sus alrededores son totalmente llanos y una bicicleta sólida y pesada, sin cambio de marchas, es el vehículo ideal entre e tráfico espeso y animado de sus calles y carreteras. Ni yo mismo sé los kilómetros que habré recorrido pedaleándo alegremente por asfaltos recalentados o campiñas monzónicas a pleno pulmón sobre horizontes sin fin.
Después dejé también la bici. Ahora ando. Me encanta pasear. Una hora por la mañana y una hora por la tarde [...]
No quiero dejar pasar la breve cita de Ignacio sin recalcar dos palabras que son clave en la vida de oración. Dice Ignacio que los ejercicios espirituales son para «preparar y disponer». Son palabras de exactitud teológica y consecuencias practicas.
Todo esfuerzo -y a él nos consagramos con toda nuestra energía y nuestra ilusión- va enderezado a esa tarea humildemente concreta: preparar y disponer. La gracia de Dios está ya presente en ese preparar y disponer, y aprovechará después en plenitud la base de esa preparación y disposición para levantar sobre ella los caminos de sus encuentros y los escenarios de su presencia. Así guardamos el equilibrio tan importante en tod empresa del espíritu: esfuerzo generoso sin remitir en nada, y confianza rendida en esperar la acción de quien convierte esa preparación en realidad plena más allá de todo mérito o capacidad nuestros. Todo está en prepararse y prepararse con enstusiasmo. Lo demás vendrá a su tiempo.
¿Qué hago si ningún método de oración me atrae? Hablarlo suavemente con Dios. Ése puede ser un principio de oración.
*Se refiere a San Ignacio de Loyola.
«»