1.7.11

DEL ESPÍRITU. UNA VISIÓN CRISTIANA


Fragmentos de la introducción de Jean Muttapa al libro La Palabra en el corazón del cuerpo EL Ser y el Cuerpo. de Jean Muttapa y Annick de Souzenelle.

[…] “Si el Espíritu Santo del que habláis, no es capaz de mover montañas en vosotros, de hacer explotar las normas de vuestras conciencias,  de levantar vuestros cuerpos y alivianar  vuestros corazones, ¿de qué sirve? ¡Ephata! Ábranse”. […]

¿Existe acaso un solo fiel en la iglesia? Tal era la pregunta que me hacía, y así, me fui alejando de esa máquina que, según mi parecer, había producido más criminales que santos. Sí, a mis ojos de rebelde no cabía duda alguna: cruzados, conquistadores cuyas exacciones eran encubiertas por los Papas, inquisidores de toda especie, misioneros colonialistas y otros santos antisemitas, habían sido siempre mucho, muchísimo más numerosos que los Francisco de Assis y los Vicente de Paul.  Ya sea con su consentimiento tácito, me decía, o bien a regañadientes, los santos nunca han sido invocdos sino a título de aprovechamiento. Por ello, el balance de las instituciones eclesiales no deja de ser negativo, como el de todas las estructuras totalitarias: globalmente negativo.

Crítica acerva en cuyo fuego se consumía mi fervor juvenil. […] no había comprendido que el Amor nada tiene que hacer con negativas, por que las integra y las supera mil veces, y en el fondo sólo nos pide lo más simple y lo más difícil: decir sí a la vida. Los revoltosos no son mejores que los resignados [en la medida que] son incapaces de reencontrar en sí mismos ese gran Amén, y de vivir el presente al ritmo de la Presencia que a todos nos habita.

[…] De hecho, me enseñó que lo esencial consiste en saber ver; ver que la verdadera vida está, en todo momento, al alcance de nuestra mirada y que, más allá de las palabras, de los  ritos y de las creencias, más allá de los pensamientos y de las teorías sobre el mundo y sobre el Hombre [como especie], existe el entusiasmo. Ese Soplo interior del que nadie nunca sabe de dónde viene y hacia dónde va,  y que sopla onde quiere en el fondo de nuestras tinieblas, es Dios.

“¿Sabíais que ser natural, profundamente natural, es ser también sobrenatural?”... “Lo Absoluto no está al alcance del hombre, sino en el corazón del hombre”… “Tú sólo eres por lo que tú transmites y no por lo que crees ser” (1) Semejantes palabras para vivirlas me acercaron a un Dios danzarín, a un Dios que no sería amo todo poderoso sino maestro de ballet, a un Dios de quien los poetas, los funámbulos y los niños que juegan a la rayuela están más cercanos que los que se tildan de sabios: “Dios es aquél que enseña la embriagues controlada, Él es el maestro y sólo en tus manos está hacer de lo que pareces, un esbozo de maestría que hará al ser danzar en ti”.

[…]Porque las tinieblas también existen y cuando las miro de cerca, me parecen todopoderosas. Entonces mi credo vuelve a ser el de un impío; y en aquellos momentos, como muchos de mis contemporáneos “alejados de Dios” pero que guardan de él una secreta nostalgia, sólo consigo  ver el caos que reina en el planeta.

[…]Cuando observo en mí mismo ese proceso de atracción irresistible y de redescubrimiento [se refiere al judeo-cristianismo], vuelvo a pensar, desde el fondo de mi impiedad, en las notables palabras de Jung, no obstante tan fascinado por el sentido oriental de la no dualidad: “De hecho –decía- ¿cuántos seres humanos existen que puedan asevera con sinceridad que ya terminaron con el diablo y que, por consiguiente, pueden permitiré echar por la borda el símbolo cristiano?

Recuerdo entonces ciertos pasajes del Evangelio (leídos según la manera preconizada por el sacerdote –escritor Jean Sullivan: “tal como si lo acabarais de descubrir en casa de un librero”), esos pasajes donde Cristo –sin construir jamás teoría alguna sobre el Bien y el Mal- sana, sigue sanando, combate a la muerte y habla para la vida […]


1)      Cf. Le Fou le Créateur y Aux sources de la Présence. Albin Michel; Offrande, Albin Michel/ Sève