28.3.15

SOBRE EL PRINCIPIO FEMENINO Y MASCULINO 

EN LO INDIVIDUAL Y LO COLECTIVO. 

(Nociones sobre La Unidad)



Fragmentos del texto "Desarrollo del principio femenino en la conciencia humana" de Sukie Colegrave*, del libro Ser Mujer. Edición a cargo de Connie Zweig.(1)



[…] La benevolencia del gobierno de la Gran Madre(2) sobre la conciencia humana continúa mientras que es útil para las necesidades de desarrollo del individuo o el grupo. Pero cuando un alma está preparada para experimentar su libertad e individualidad, su capacidad para darse cuenta y comprender y su potencial  de relación y de amor humano, el poderoso abrazo de la totalidad inconsciente de la Gran Madre deja de sentirse como un útero cálido y seguro y  empieza a ser sentido, desde la perspectiva de la naciente conciencia del “yo” como devorador, claustrofóbico y amenazante. En esos momentos, las imágenes de su generosidad son eclipsadas en los sueños y en la mitología –que son los espejos colectivos e individuales del desarrollo psicológico- por imágenes de su naturaleza demoníaca. En la antigua China se convirtió en la Gran Madre de Occidente, una horrible criatura con cara humana, dientes de tigre y rabo de leopardo que moraba en la cueva de una montaña y dominaba las plagas y la peste. En la mitología asirio-babilónica, Tiamat, que dio a luz al mundo también era una imagen de caos primitivo y ciego “contra la que luchaban los Dioses inteligentes y organizadores”. Y en la mitología hindú, Kali, la madre divina tiene otra cara como la Terrible Mujer Araña las fauces del abismo que todo lo devoran.


Para diferenciarse del gobierno de la Gran Madre, y para derrocarla, la lucha de la nueva conciencia emergente adopta formas muy diversas, pero todas comparten una característica esencial. Todas ellas reflejan la energía masculina, ya sea individual o colectivamente, esforzándose por separarse de su abrazo inconsciente con la Gran Madre, para poder reclamar y afirmar su autoridad y poder independientes. Este nacimiento a la conciencia del arquetipo Masculino y su posterior victoria sobre el arquetipo de la Gran Madre inauguran la era del patriarcado psicológico, en el terreno histórico y en el plano individual.


Hoy día, cuando muere a su pesar y con resistencia el reino ya caducado del Gran Padre(3) en nuestra psicología y culturas colectivas es fácil olvidar que, como la era de la Gran Madre, la época patriarcal ha cumplido un objetivo esencial  y creativo en la evolución humana. Su orientación psicológica fue una  condición previa para el nacimiento de la feminidad consciente y el desarrollo de la totalidad humana – y continúa siéndolo en ciertos momentos de la transición de la infancia al estado adulto, tanto en hombres como en mujeres-. La energía heroica masculina  que logra diferenciarse del abrazo oscuro e inconsciente de la Gran Madre, rompe el mundo psíquico de una manera que permite distinguir entre el “yo y e “tú”, la materia y el espíritu, macho y hembra. Con ello, inaugura una revolución en la experiencia, la percepción y la comprensión del ser humano. 

Mediante su energía y su poder, la conciencia individual y colectiva logra arrebatar del inconsciente la experiencia de la discriminación, la individualidad, y la otredad. De este modo, desarrolla la capacidad de libertad y de elección, así como hasta cierto punto y en ciertos niveles, a capacidad de comprender y con ella, de controlar muchos de los acontecimientos hasta entonces impredecibles de la vida material y psicológica. Por otra parte, la hegemonía del Gran Padre nos permite simplificar los mecanismos de la supervivencia física y del bienestar de manera suficiente como para proporcionarnos un espacio y un tiempo para escuchar y para explorar otras dimensiones de nosotras/os mismos.

El abuso considerable y bien documentado de las mujeres y de la tierra, la negación y desvalorización de lo Femenino y la devastación de lo físico y de lo instintivo causada por las guerras políticas y económicas producidas por el poder egótico del Gran Padre, son más un reflejo del sometimiento individual y colectivo a su dominio competitivo, separativo y jerárquico, que una consecuencia inevitable de su presencia.


Sin la aparición y maduración de la energía masculina, tal vez no habríamos desarrollado hoy día un sentido suficiente de nuestra propia individualidad, para poder invitar y acoger lo Femenino en la conciencia –en nuestro interior y en las esferas sociales, políticas y económicas-. Sin su energía arquetípica quizá seríamos incapaces de escuchar y de seguir los hilos que dan vida a los mundos de los opuestos y los conectan entre sí; mundos que el poder discriminador masculino ayudó a desvelar y, en parte, a crear.



Como intuyeron los antiguos sabios, el alma se desarrolla mediante la atracción de los opuestos y su relación con ellos, en especial de la materia y del espíritu y de los dos brazos de la Divinidad, lo Masculino y lo Femenino-. La revolución patriarcal en la conciencia humana, junto con sus reflejos culturales, sociales y políticos, nos posibilita reconocernos y  desarrollar uno de los brazos de este ser divino. El desequilibrio psicológico creado por la hegemonía Masculina invita a penetrar en la conciencia a “lo otro”, el complemento Femenino.



Así como los hombres tendieron a ser los iniciadores de la revolución patriarcal, las mujeres han tendido a concebir y gestar el nacimiento de lo Femenino consciente a partir del abrazo de la Gran Madre. No las mujeres que, enfadadas por la opresión del género bajo el patriarcado, han intentado convertirse en patriarcas dentro de cuerpos femeninos, ni las que han intentado dar la espalda al camino psicológico por nostalgia del dominio sexualmente indiferenciado de la Gran Madre, sino aquellas que codo con codo, y honrando lo Masculino dentro de os hombres y de las mujeres, han empezado a escuchar y dar la bienvenida a la conciencia a las semillas que germinan de lo Femenino. Estas mujeres no imitan las pautas patriarcales, intentando poner lo Femenino al servicio del ego personal o identificarlo con el cuerpo de la mujer. Y esto porque, mientras que la naturaleza jerárquica y separativa del arquetipo masculino es la de crear un mundo a su imagen y semejanza unilateral y fragmentadora, la naturaleza de lo Femenino es la de reconocer, experimentar, recibir y nutrir la totalidad. Mientras que lo Masculina diferencia los opuestos, lo Femenino fomenta la relación entre ellos tal como viven y se manifiestan en cada nivel de existencia, así como la comunicación sexual, las energías complementarias dentro de cada alma humana, los dos modos de pensar, el analítico y el analógico, y los dos polos del universo, la materia y el espíritu.


Mientras que lo Masculino separa, discrimina, controla, conquista, aguanta, supera, lucha y crea, lo Femenino recibe, permite, transige, absorbe, disuelve, une, conecta y gesta.


Así, mientras que lo Masculino y la revolución patriarcal posibilitaron que emergiera a la conciencia el “yo” individual desde las profundidades subterráneas e inconscientes de útero de la Gran Madre, el despliegue de lo Femenino dentro del alma permite a este “yo” individual empezar a retornar y conectar con su ser más vasto: su cuerpo su alma y el espíritu universal; le permite reconocer su relación con la comunicad más amplia de la vida terrestre y cósmica, con la unidad divina que da existencia a las partes separadas, a los pueblos, a las naciones, a los planetas y a las estrellas. Lo Femenino permite que vivamos el mundo y nos vivamos a nosotras/os mismos/as en un cambio desde una perspectiva yo-ello, a una Sición yo-Tú y después “yo soy” y “todo es nosotras/os” […]







*Psicóloga Junguiana y estudiosa de la lengua e historia china
1) Woodman, Shinoda Bolen, Eisler, A. Johnson, Singer, Metzger, Young-Eisendarth, Whitmont. Ser Mujer. 1990, Ed. Kairós
2) "Gran Madre", referente al patrón universal de "lo Femenino" de la psique humana  que Jung llamaba arquetipo y que no está restringido a un género sino que está presente tanto en mujeres como en hombres. Referente también a la Conciencia Matriarcal dentro del contexto del desarrollo colectivo humano.
3) "Gran Padre",  referente al patrón universal de "lo Masculino" de la psique humana que Jung llamaba arquetipo y que no está restringido a un género sino que está presente tanto en mujeres como en hombres. Referente también a la Conciencia Patriarcal dentro del contexto del desarrollo colectivo humano.

14.2.12

14.02.2012
SOBRE EL CAMINO ESPIRITUAL Y LOS MAESTROS ESPIRITUALES


*Fragmentos del libro "La Ola es el Mar" Ed. Desclée De Brouwer. Una entrevista hecha por Christoph Quarch(1) a Williguis Jäguer(2) sobre espiritualidad mística.
Los fragmentos corresponden específicamente al capítulo 2 "Muchos senderos pero una sola cima" Pág. 77


Las preguntas hechas por Christoph Quarch las marco en negritas, mientras las respuestas de Wiliguis Jäguer están en texto normal.




[...] De cualquier forma, aumenta el número de personas que se dirigen hacia la espiritualidad oriental, convencidas por lo visto, de poder satisfacer mejor sus anhelos espirituales por ese camino. En cambio, alguien tan destacado como el Dalai Lama recomienda a sus admiradores europeos que permanezcan dentro de su tradición cultural cristiana. ¿Está usted de acuerdo con el Dalai Lama?


Me parece de gran importancia permanecer en las tradiciones espirituales que han sido muy experimentadas. En ellas se nos brindan posibilidades de interpretación comprensibles, así como indicadores tanto para la vida cotidiana como para el tratamiento de las experiencias místicas. Los senderos espirituales clásicos son algo así como mapas de la mente que permiten  conocer con bastante certeza en qué punto se encuentra uno y qué desarrollos espirituales quedan por recorrer. Pero por supuesto, hay diferencias entre los distintos senderos. Cada uno ha establecido su indicador propio aunque, en el fondo, sus estructuras básicas son muy parecidas. Todas apuntan hacia la misma cima.




¿En qué tradiciones espirituales está pensando?


En el cristianismo tenemos la espiritualidad de la contemplación, que ha caído más bien en el olvido. En el budismo está el zen y el vipassana, en el ámbito hindú las variantes del yoga: krya-yoga, raja-yoga y el yoga de Patanjali. En el islam está el sufismo, en el judaísmo la cábala.




¿Qué relación hay entre estos caminos espirituales? ¿Se excluyen entre sí, se complementan, se puede caminar por dos a la vez, o hay que decidirse por uno?


Todos estos caminos son senderos de subida hacia la misma cima de la montaña. Uno va por la derecha, el otro por la izquierda, uno es más empinado, el otro más cómodo. Pero al final todos llevan a la misma meta. Sus características dependen de la tradición y cultura religiosa a que perteneczcan. Ilustrándolo con una imagen, las religiones son las diferentes zonas climáticas que predominan en las laderas de la montaña: norte, sur, este, oeste. Quien comienza la subida, no conoce al principio nada más que su entorno, o tan sólo ve que otra región es muy distinta a la suya. Aún no sospecha que finalmente entrará en una zona en que los caminos se irán acercando. Y, al final de todo, cuando ya haya rebasado el nivel de las nubes y alcanzado la región de la cumbre, verá que los numerosos buscadores de la cima han estado siempre caminando por la misma montaña teniendo la misma meta.




Suena como si criticara las religiones o, al menos, las confesiones. *(Por confesiones se entiende "iglesias" o "comunidades religiosas")


Por supuesto que tomo una postura crítica ante las religiones. Sobre todo estoy en contra de toda costra, en contra de estructuras rígidas y absolutas. Pero no olvido que mi religión cristiana me ha puesto en el camino; no sé dónde estaría hoy sin el acceso cristiano hacia lo religioso.
Las confesiones son puntos de encuentro, umbrales por los que muchas personas llegan al camino espiritual. Ahí radica su valor, que no disminuye por el hecho de que, en algún momento del camino espiritual, se alcance un punto en que se superen las confesiones. Por que lo que es experimentar a Dios, experimentarlo realmente, eso no es posible dentro del corsé de las confesiones. Con ello, y lo recalco, no me refiero a ningún sincretismo. Todo lo contrario: las religiones deben coexistir. Necesitamos las múltiples "vidrieras" que nos indican algo de la luz que está  detrás de ellas.  Lo que no deben hacer es pretender que son las únicas que poseen la verdad, sino conducir a sus seguidores a la experiencia de lo que anuncian sus escrituras sagradas. Pero no deben intentar retenerlos en sus respectivas confesiones.


¿Pero qué camino es el correcto para cada persona?


Los que encuentran el camino místico en su propia tradición religiosa no tienen que buscarlo en otras religiones. Pero esto resulta extraordinariamente difícil en la religiosidad cristiana contemporánea. No se enseña la contemplación. No hay maestros místicos ni caminos espirituales que apunten desde un principio a la experiencia de lo divino.
Quien busca esto no suele tener otra elección que orientarse en tradiciones religiosas diferentes. Pero no necesariamente tiene que ser así; de ahí mi afán por desenterrar la herencia mística del cristianismo y resucitarla nuevamente.
Se trata de tesoros insospechados que para nada son inferiores a las llamadas religiones místicas orientales.


[...] Considerando a esta gran número de personas (*se refiere a una lista de místicos cristianos citados por Jäguer), habrá que plantearse la pregunta de si es necesario ocuparse de la mística budista o hindú.


No diría yo esto, pues resulta extraordinariamente provechoso ocuparse de las tradiciones espirituales de Oriente. En lo que a mí se refiere, sólo gracias a mi larga práctica del zen me he dado cuenta de que la mística cristiana, en su esencia, enseña exactamente lo mismo que las escuelas zen. En otras palabras, sólo dando un rodeo por el Japón he sido capaz de percibir y apreciar los tesoros de la propia tradición cristiana.


Ha mencionado a los llamados fundadores de las religiones, diciendo que no fue su intención establecer religiones. ¿En qué consiste la relevancia de Buda o Jesús desde el punto de vista de la mística?


Para mi, la importancia de Jesús y de Buda radica sobre todo en el hecho de haber alcanzado lo que podemos alcanzar como personas que somos: han experimentado la realidad primera, esforzándose en transmitir esta experiencia a otras personas e indicando caminos para que otros sean capaces de llegar a realizar la misma experiencia. Por ello son para nosotros así como guías y acompañantes en el camino interior.


Parece idéntico a lo que se conoce como "imitación de Jesucristo"


Sí, pero con un aspecto añadido: hay personas que en el camino interior necesitan figuras de identificación; éstas son algo más que simples ideales. No se intenta únicamente imitar su ejemplo sino unificarse con ellos en el abismamiento contemplativo. Este tipo de prácticas cobra especial importancia en el budismo tibetano. En ellas se acostumbra llevar a cabo la unificación con la imagen de una divinidad o de un bodhisattva mediante visualizaciones o imaginaciones. Más aún: se trata de convertirse en esa realidad que se revela en la imagen. Conocemos algo parecido en los iconos en el cristianismo ortodoxo. Para los ortodoxos devotos los iconos son ventanas que permiten una mirada a la trascendencia. Son, por así decir, el punto de sutura entre los dos niveles de realidad.


Suponiendo que estamos realmente en el umbral de una nueva fase de la evolución de la conciencia y de una época espiritual, ¿habrá nuevas figuras de identificación, nuevos fundadores de religiones y nuevos guías espirituales?


No cuento con la aparición de una persona que sea comparable a uno de los grandes fundadores de religiones. Mas bien, supongo que habrá toda una serie de guías espirituales en torno a los cuales se formarán grupos; o sea, personas con carisma que llevarán consigo a otras por el camino ya explorado por ellas. Son como guías de montaña que ya han andado el camino y ahora van por delante de los demás. Puede que surjan nuevas "escuelas" o "sectas", pero eso carece de importancia. Lo que importa es que las personas crezcan espiritualmente, que lleguen a liberarse de los directores religiosos. El ser humano tiene la tendencia de agarrarse a los faldones de alguien en vez de recorrer por sí mismo el camino. Es así como muchos se agarran hoy en día a un "gurú".




¿Qué significa esto para usted, como Maestro espiritual que tiene discípulos y discípulas? ¿Es usted también un modelo a imitar o incluso una persona de identificación?




No, espero poder escapar de ese peligro. He andado un largo camino espiritual en el que he tenido propias experiencias, y ahora continúo por él e invito a andar conmigo a las personas que estén convencidas que éste es su camino. Quien quiera acompañarme será bienvenido. Quien no pueda, deberá buscarse otro acompañante.


De modo que no pretende ofrecer el único camino o uno especialmente bueno. Además, aparte de usted existen otros maestros espirituales. ¿No se hacen la competencia entre sí?


Por lo menos, no debería haberla. Por supuesto un maestro espiritual concederá especial importancia al camino experimentado por él. Pero lo que no se dará entre personas que han tenido una experiencia espiritual auténtica son disputas dogmáticas. Incluso me atrevo a afirmar que, siempre que una persona pretenda estar en posesión de la única verdad, éste es un indicio clarísimo de que no ha alcanzado realmente el espacio místico de la conciencia.


Este sería un criterio negativo para la persona que está buscando un maestro o una maestra, en el sentido de a quienes debería evitar. ¿Qué criterios positivos podría indicar para encontrar a  la maestra o maestro adecuados?


No hay criterios generales que valgan y sirvan como prueba. Prefiero el antiguo aforismo que dice: "Cada maestro tiene los discípulos que merece y viceversa". Al fin y al cabo son la personalidad y el carácter del maestro los que determinan qué personas se agrupan al rededor de él.
Sólo resultará interesante como maestro la persona que ofrezca un camino atractivo y factible, y que, a la vez, inspire confianza. Es requisito imprescindible que vaya surgiendo una relación de confianza entre el discípulo o la discípula y el maestro o maestra. Donde esto no se dé, habría que decidir la separación de mutuo acuerdo.


¿Pero no existen también embaucadores espirituales?


Por supuesto que los hay. Y son reconocibles. Pero no quisiera entrar en este tema. Yo voy por mi camino e invito a andarlo conmigo. Pero si alguien cree haber encontrado algo diferente o supuestamente mejor, puede marcharse en cualquier momento.


¿Dice que se puede reconocer a los embaucadores, ¿cómo?


Siempre resulta sospechoso que alguien que se presenta como maestro espiritual se dé a sí mismo mucha importancia. También resulta sospechoso que procure que las personas dependan de él. Hará muy mal si habla de cosas que no ha experimentado por sí mismo y de las que no pueda dar testimonio. Y lo peor de todo es que persiga con ello intereses económicos.


Muchas personas con tendencias religiosas buscan amparo en el llamado movimiento de la Nueva Era y en el esoterismo(3). ¿Qué ambiente hay en esos grupos en materia de charlatanes y de autenticidad religiosa?


Dentro del movimiento de la Nueva Era hay muchos elementos que no conducen a una experiencia mística auténtica. Hay cosas que pertenecen al ámbito de lo oculto(4) y otras al ámbito de la psicología o de la parapsicología(5). 
Pero no resulta fácil trazar una línea de separación exacta.
Un ejemplo:Hay personas que consumen drogas por motivos realmente serios y de índole religiosa. A menudo les deparan experiencias que van más allá de sus conciencias cotidianas. Si tienen en estos casos un acompañante espiritual experimentado, dichas experiencias pueden ser de ayuda. Pero si no, no es más que un "viaje", les falta lo que la mística denomina el proceso de purificación. Andar durante mucho tiempo por el camino espiritual es lo que transforma a la persona radicalmente. Generalmente no se da esta transformación con las experiencias obtenidas mediante drogas. Por otra parte, muchas veces son solamente experiencias pseudomísticas, que se quedan estancadas en el ámbito de los sentimientos.
(*Al respecto, se puede ver "Roberto Assagiolli y lo transpersonal" y "De la canalización", en la página "Psicología Transpersonal" de este blog)


¿En qué consiste la diferencia?


Las experiencias pseudomísticas no lleva a la persona a un estado de la conciencia más alto, transpersonal, más allá de la consciencia egóica contidiana, sino que la llevan de vuelta a un nivel prepersonal (*Por prepersonal se entiende a experiencias previas al nacimiento o previas a la construcción de la personalidad).
Allí experimenta un estado de unión simbiótico, como lo viven los lactantes con el pecho materno. Este tipo de unidad, que puede ser muy profunda y conllevar fuertes emociones, siempre presupone un yo que se siente muy a gusto en este estado y, en consecuencia, quiere reproducirlo siempre de nuevo. La pseudomística de la Nueva Era, no transforma a la persona, como ocurre con la mística auténtica. En cambio fortalece precisamente su estado egóico, por ofrecer "experiencias de unidad" agradables de las que el yo se jacta. Pero es un camino erróneo, por que en este tipo de experiencia no se da un desprendimiento del yo. Esto último sólo tendrá lugar cuando el yo no retroceda hacia lo prepersonal sino que trascienda hacia el ámbito de lo transpersonal. Para eso el yo se debe  experimentar a sí mismo como un simple centro de organización y de función, sin ninguna permanencia. La experiencia auténtica conduce a una libertad que sobrepasa todo, mientras que el retroceso pseudomístico hacia lo prepersonal puede acarrear un comportamiento adicitivo. Quien preconiza esto como camino místico o espiritual, haciendo que las personas se hagan dependientes de él, es un charlatán y, además, uno muy peligroso.




¿Entonces un maestro espiritual auténtico no anima siempre a sus discípulos a alcanzar de nuevo experiencias místicas?


También él estimulará a sus discípulos y discípulas a seguir continuamente  por el camino, pero les diría que no pueden provocar, por medio de esfuerzos propios estas experiencias, que se darán solamente en aquellas personas que se desprendan de su yo, al que tanto le gusta hacer y experimentar algo. Les indicará que se trata de un camino largo y difícil, un proceso de transformación que volverá transparentes las estructuras psíquicas del yo. Y que puede conducirles a través de fases de desorientación y de desesperación, pero que finalmente les llevará a un punto en que se dará cuenta de que podrá dejar atrás tranquilamente su ego, para entrar en un nivel más alto de la realidad. Quien haya tenido tal experiencia, ya sea discípulo o maestro, no se adherirá a ninguna idea fija ni seguirá fanáticamente a una persona. [...]








***
Williguis Jäguer. Monge benedictino porfundamente enraizado en la tradición contemplativa del cristianismo occidental. Para ahondar sus experiencias se entrenó en Zen por espacio de doce años, seis de los cuales los pasó  en la escuela de Zen Sanbokyodan, en Kamakura, Japón. De 1983 hasta 2000 dirigió la casa de San Benito de la abadía de Münsterschwarzach en Würzburg, Alemania, donde sigue dando cursillo de contemplación y meditación Zen.


Christoph Quarch. Doctor en Filosofía  y Director de estudios en el Deutsche Evangeliesche Kirchen-tag (Día de la Iglesia Evangélica Alemana). Hasta el año 2000 fue redactor de la revista "Cometarios evangélicos". Vive en la ciudad de Fulda, Alemania. Es editor del libro de la colección Herder Spektrum: E.U v. Weizsäcker: Eine enue Politik für die Erde (Una nueva política para la tierra). (4746)



Esotérico:  Se dice de la doctrina que los filósofos de la Antigüedad no comunicaban sino a corto número de sus discípulos.
Dicho de una doctrina: Que se transmite oralmente a los iniciados
(Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española)


4 Ocultismo: Conjunto de conocimientos y prácticas mágicas y misteriosas, con las que se pretende penetrar y dominar los secretos de la naturaleza.
(Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española)


5 Parapsicología: Estudio de fenómenos y comportamientos como la telepatía, las premoniciones, la levitación, etcétera, de cuya naturaleza y efectos no ha dado hasta ahora cuenta la psicología científica.
(Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española)




****


*NOTAS PERSONALES A DESARROLLAR:


Es importante no perder de vista:


-Sin lugar a dudas me parece que Williguis Jagüer, es uno de los maestros espirituales más congruentes y contundentes de esta época. Desvela de una manera sencilla, clara y en palabras que todos podemos entender, muchas interrogantes muy importantes para todos aquellos que estamos en una búsqueda profunda del camino espiritual. Y lo hace con todo el rigor y la maestría. Sobre todo dentro del ámbito de lo cristiano. 
Sin embargo, creo que es importante señalar que él habla desde la experiencia del contexto de la tradición mística del cristianismo occidental.
-Que el cristianismo en América se configura desde una experiencia sincrética a causa de la conquista en donde a través de cientos de años se ha ido resignificando -sobre todo dentro del mundo del conocimiento tradicional y espiritual indígena que cuenta con una práctica viva y cotidiana hasta el día de hoy-, el valor, la identidad y el sentido que tienen para ellos personajes como Jesucristo,las vírgenes, los santos y las santas.
- Que muchas de las tradiciones espirituales de América son tradiciones tan antiguas como el cristianismo, y es importante apuntar cuáles de ellas lo son.
-Siguiendo esta línea, habría que revisar con más detenimiento qué significa, qué implica y a qué se aplica el concepto de lo "esotérico" dentro de las tradiciones de conocimiento ancestral indígena.
- Por otro lado, en relación al concepto del yo, vale la pena diferenciar entre el yo con minúscula y el Yo con mayúscula; ya que se puede encontrar en distintos textos sobre psicología y autoconciencia en estas dos formas. El yo con minúscula se refiere al ego. El Yo con mayúscula se refiere al Centro Armonizador y Unificador de todas nuestras funciones psicosomáticas. Se refiere directamente al "Ser esencial". (Para referencias, ver el Diagrama Oval de Assagiolli y la bibliografía, publicados en la Página "Psicología Transpersonal" de este blog).

22.9.11

DE LA ORACIÓN DE PETICIÓN

Justo ahora que en mi tierra, México, sentimos cada vez más cerca la sombra de la violencia, y las noticias de secuestros  y peligros ya vienen no del noticiero sino de mis amigos cercanos  y mis seres queridos, noto cómo una parte en mí se va asustando progresivamente…  Y reconozco que moverme desde el miedo sólo me expone más, porque me aleja de mi centro, de mi fuerza interna, de mi esencia y cualquiera es presa del peligro en esa circunstancia.
Y busco como un movimiento genuino y casi automático, la oración... la busco como vía de descanso y  de sostenimiento….  Pero me doy cuenta que muchas veces no me basta con pedir la protección para mis seres queridos, que hay algo en mí que honestamente, se queda inquieto…
Entonces me pregunto con la misma inquietud cuál es el sentido de la oración, y me pregunto  ¿cómo hago para que orar no se vuelva una especie de “placebo” en el cual sólo expreso mi propio miedo y así sin darme cuenta, sigo dándole poder a eso que me asusta?...

Encuentro luz  y entendimiento en las palabras de Carlos G. Vallés, sobre un sentido más profundo  de la oración de petición: Qué importa el “éxito” de la oración cuando tenemos el “contacto” -dice-.
Qué importa la violencia de afuera, si yo logro acercarme a esa actitud interna de eseamoroso descanso” en la presencia adivinada de quien sabemos nos Ama y que Es Amor puro…
…entonces, desde ese lugar de amoroso descanso en mí -cuando lo consigo-, logro mirar que la violencia puede llegar, y si yo me fortalezco en Su presencia de Amor siempre estaré protegida, incluso más allá de la muerte… Y también puede pasar que nunca llegue la violencia, porque yo sé de cierto y confío plenamente que el Amor es la fuerza que sostiene todo. Y donde hay amor, es imposible que haya destrucción…
Vuelvo acción cada día mi fe.

Como dice Santa Teresa:

Olvido de lo Creado
Memoria del Creador,
Atención al interior
Y estarse amando al Amado


Aquí transcribo algunos fragmentos de la reflexión de Carlos G. Vallés acerca de la oración de petición en su libro “Orar en primera persona” Ed. El pozo de Siquiem. Ojalá les sirva.


...También entiendo que la oración no es el único camino,  y que es necesario y conveniente  buscar soluciones en cualquiera de los ámbitos en los que nos desenvolvamos en la vida... pero esa es otra reflexión...


Con mucho cariño,
Gabi


***

La oración de petición ferviente y concreta es, de alguna manera, a base de toda oración, por la relación que crea entre la persona que ora y aquel a quien ora. Hay fe; hay esperanza; hay sentirse criatura ante el Creador, e hijo o hija ante el Padre; hay intimidad en confiar lo más íntimo del alma en lo más directo de las palabras. […]

Ver a mi madre rezar por mí [cuando tuve pulmonía que, en aquellos años era una enfermedad fatal] y por mi padre [que, después de todos esos meses de oración diaria, finalmente murió de una infección  gangrenosa de garganta, que las medicinas de entonces no sabían curar] era formar familia de la manera más íntima que conozco. […]

La oración de petición personal y sincera, une voluntades, acerca vidas, crea cercanías. Lo sabemos cuando al final de una carta o de una conversación con alguien a quien  amamos, le decimos y  oímos que nos dice: « Reza por mí »; « Rezaré mucho por ti»… Si esas palabras no se han hecho fórmula por el uso y la rutina, son la mejor manera de decir delicadamente: « Te quiero ».

Una pequeña   historia de fe islámica que en la oración de petición es válida en sí misma, por el vínculo que, en todo caso establece entre el que ora y el que establece la oración:

Un piadoso musulmán rezaba todos los días ante Dios, y todos los días le suplicaba una gracia que deseaba le concediese. Se colocaba siempre para su oración en el mismo rincón de la mezquita, y tantos años pasaron y tantas veces repitió su oración que, según cuentan, las señales de sus rodillas y de sus pies quedaron marcadas sobre el mármol del suelo sagrado.
Pero Dios parecía no oír su oración, parecía no enterarse ni siquiera de que alguien le invocaba.

 Un día por fin se le apareció al devoto musulmán en su oración un ángel de Dios y le dijo: «Dios ha decidido no concederte lo que le pides». Al oír el mensaje del ángel, el buen hombre comenzó a dar voces de alegría, a saltar de gozo, a contar lo que había sucedido a todos los que se reunían a verlo. La gente le preguntó sorprendida: «¿Y de qué te alegras, si Dios no te ha concedido lo que pedías?» A lo que él contestó rebozándole el gozo sincero en cada palabra:«¡Es verdad que me lo ha negado, pero al menos así sé que mi oración llegó hasta Dios! ¿Qué más puedo desear?»

Oración es saber que mi voz llegó a Dios. La fe de saber que el mensaje llegó a su destino, que mis palabras sonaron en oídos divinos, que la tierra tocó el cielo. ¿Qué importa el “éxito” de la oración cuando tenemos “el contacto”? Ése es su sentido. Así concebida la oración de petición, es casi independiente de su resultado. Yo sané, y mi padre murió; pero en ambos caso se cumplió el ejercicio de fe, la unión del carió, la fuerza recibida para afrontar el dolor y continuar la vida. Esa energía se da siempre en la petición sentida y en ella está su valor y su eficacia.

Al hacer nuestras peticiones a Dios […] no se trata de manipular la creación para que se acomode a nuestros gustos personales. Ése es un modo muy estrecho de entender la oración de petición, que no puede menos de acabar en la frustración al ver que muchas veces pedimos, y pedimos con fe, y el resultado pedido no se obtiene. Y es que la oración de petición es válida en sí misma; en su confianza y en su entrega; en su  interés por los demás y  por nuestra propia vida y salud y trabajo; en su vínculo renovado entre nosotros mismos; y entre Dios y nosotros; en su ejercicio de […] humildad y dependencia filial de Dios  en su amor y providencia. Ése es el verdadero sentido de la oración de petición, más que la consecución literal del favor pedido.

No se trata de manipular la naturaleza, si lo hacemos, la vida se convierte en un desierto, como en desierto se está convirtiendo gran parte de la superficie del planeta por la acción inconsiderada de los seres humanos que la habitamos.

Hay que dejarle a la vida sus montañas y sus valles, y al mismo tiempo hay que presentarle nuestros deseos ante Dios para que vea que estamos vivos, que no somos fatalistas que pensamos y  queremos y planeamos y deseamos, y con todo y con eso,  siempre nos conformamos con su visión y providencia, que sabemos es el mejor curso para nosotros y para todos  en todo momento y en cualquier circunstancia.
Es ley de amistad  presentar al amigo nuestros deseos e intereses, y luego dejarle libre para que reaccione enteramente a su manera ante nuestra propuesta. Libertad en manifestar y libertad en reaccionar. Ésa es la base de la amistad, y ésa es la base de la oración. La mutua libertad garantiza la intimidad.

De alguna manera odas las oraciones llevan una traza de petición en su diseño. La meditación discursiva nos hace reflexionar con profundidad sobre un tema; la contemplación afectiva  hace que la cabeza trabaje menos y el corazón más. Comenzamos con los comentarios al evangelio, pasamos al mismo evangelio, y en el evangelio mismo vamos reduciendo el texto detallándolo a sus rasgos esenciales, a una l, un gesto, un ambiente, una inspiración que resume la escena y nos transmite su encanto más con sentirla que con estudiarla; y aún el silencio recogido de la mística es expresión elocuente de la presencia y la necesidad y el deseo que no dice nada porque lo espera todo. La petición está siempre presente aunque no abramos a boca. […] Si sabemos permanecer callados en fervor de fe, pronto oiremos la pregunta llena de cariño: «¿Qué te ha pasado?»; y hablará el corazón.

1.7.11

DEL ESPÍRITU. UNA VISIÓN CRISTIANA


Fragmentos de la introducción de Jean Muttapa al libro La Palabra en el corazón del cuerpo EL Ser y el Cuerpo. de Jean Muttapa y Annick de Souzenelle.

[…] “Si el Espíritu Santo del que habláis, no es capaz de mover montañas en vosotros, de hacer explotar las normas de vuestras conciencias,  de levantar vuestros cuerpos y alivianar  vuestros corazones, ¿de qué sirve? ¡Ephata! Ábranse”. […]

¿Existe acaso un solo fiel en la iglesia? Tal era la pregunta que me hacía, y así, me fui alejando de esa máquina que, según mi parecer, había producido más criminales que santos. Sí, a mis ojos de rebelde no cabía duda alguna: cruzados, conquistadores cuyas exacciones eran encubiertas por los Papas, inquisidores de toda especie, misioneros colonialistas y otros santos antisemitas, habían sido siempre mucho, muchísimo más numerosos que los Francisco de Assis y los Vicente de Paul.  Ya sea con su consentimiento tácito, me decía, o bien a regañadientes, los santos nunca han sido invocdos sino a título de aprovechamiento. Por ello, el balance de las instituciones eclesiales no deja de ser negativo, como el de todas las estructuras totalitarias: globalmente negativo.

Crítica acerva en cuyo fuego se consumía mi fervor juvenil. […] no había comprendido que el Amor nada tiene que hacer con negativas, por que las integra y las supera mil veces, y en el fondo sólo nos pide lo más simple y lo más difícil: decir sí a la vida. Los revoltosos no son mejores que los resignados [en la medida que] son incapaces de reencontrar en sí mismos ese gran Amén, y de vivir el presente al ritmo de la Presencia que a todos nos habita.

[…] De hecho, me enseñó que lo esencial consiste en saber ver; ver que la verdadera vida está, en todo momento, al alcance de nuestra mirada y que, más allá de las palabras, de los  ritos y de las creencias, más allá de los pensamientos y de las teorías sobre el mundo y sobre el Hombre [como especie], existe el entusiasmo. Ese Soplo interior del que nadie nunca sabe de dónde viene y hacia dónde va,  y que sopla onde quiere en el fondo de nuestras tinieblas, es Dios.

“¿Sabíais que ser natural, profundamente natural, es ser también sobrenatural?”... “Lo Absoluto no está al alcance del hombre, sino en el corazón del hombre”… “Tú sólo eres por lo que tú transmites y no por lo que crees ser” (1) Semejantes palabras para vivirlas me acercaron a un Dios danzarín, a un Dios que no sería amo todo poderoso sino maestro de ballet, a un Dios de quien los poetas, los funámbulos y los niños que juegan a la rayuela están más cercanos que los que se tildan de sabios: “Dios es aquél que enseña la embriagues controlada, Él es el maestro y sólo en tus manos está hacer de lo que pareces, un esbozo de maestría que hará al ser danzar en ti”.

[…]Porque las tinieblas también existen y cuando las miro de cerca, me parecen todopoderosas. Entonces mi credo vuelve a ser el de un impío; y en aquellos momentos, como muchos de mis contemporáneos “alejados de Dios” pero que guardan de él una secreta nostalgia, sólo consigo  ver el caos que reina en el planeta.

[…]Cuando observo en mí mismo ese proceso de atracción irresistible y de redescubrimiento [se refiere al judeo-cristianismo], vuelvo a pensar, desde el fondo de mi impiedad, en las notables palabras de Jung, no obstante tan fascinado por el sentido oriental de la no dualidad: “De hecho –decía- ¿cuántos seres humanos existen que puedan asevera con sinceridad que ya terminaron con el diablo y que, por consiguiente, pueden permitiré echar por la borda el símbolo cristiano?

Recuerdo entonces ciertos pasajes del Evangelio (leídos según la manera preconizada por el sacerdote –escritor Jean Sullivan: “tal como si lo acabarais de descubrir en casa de un librero”), esos pasajes donde Cristo –sin construir jamás teoría alguna sobre el Bien y el Mal- sana, sigue sanando, combate a la muerte y habla para la vida […]


1)      Cf. Le Fou le Créateur y Aux sources de la Présence. Albin Michel; Offrande, Albin Michel/ Sève

11.6.11

CLASICE LISPECTOR I 




"Un día, antes de casarse, cuando aún vivía su tía, había visto a un hombre comiendo con glotonería. Había visto aquellos ojos desencajados, brillantes y estúpidos, mientras intentaba no perder ni el menor sabor del alimento. Y la mano, las manos. Una de ellas sujetando el tenedor clavado  en un pedazo de carne sanguinolenta -no silenciosa, ni quieta, sino vivísima, irónica, inmoral-, mientras la otra se crispaba sobre el mantel, arañándolo nerviosamente, ya con el ansia de comer un nuevo bocado. Debajo de la mesa las piernas marcaban el compás de una música inaudible, la música del diablo, de la pura e incontenida violencia. La ferocidad, la riqueza de su color... Rojiza en los labios y en la base de la nariz, pálida y azulada bajo los ojos menudos. Juana se había estremecido horrorizada delante de su pobre café. Pero después no sabía si fue de repugnancia o de fascinación y voluptuosidad. Seguro que de ambas cosas. Sabía que el hombre era una fuerza. No se sentía capaz de comer como él, era sobria por naturaleza, pero aquella demostración la perturbaba. También la emocionaba leer las terribles historias de los dramas donde la maldad era fría e intensa como un baño de hielo. Era como si hubiera visto beber agua a alguien y de pronto hubiera descubierto que ella tenía sed, una sed vieja y profunda. Tal vez fuera sólo falta de vida: estaba viviendo menos de lo que podía y su sed tal vez pedía inundaciones. O tal vez sólo unos sorbos... Es una lección, es una lección diría la tía: nunca hay que adentrarse, nunca hay que robar antes de saber si lo que quieres robar existe en alguna parte honestamente reservado para ti. ¿O no? Robar hace todas las cosas más valiosas.
El gusto del mal -masticar rojo, engullir fuego empalagoso.
No debo acusarme. Tengo que buscar la base del egoísmo: todo lo que no soy no me puede interesar, es imposible ser algo que no se es -sin embargo yo me excedo a mí misma incluso sin el delirio, soy más de lo que suelo ser normalmente-; tengo un cuerpo y todo lo que haga es continuación de mi principio; si la civilización de los mayas no me interesa, es porque nada tengo dentro de mí que se pueda relacionar con sus bajorrelieves; acepto todo lo que viene de mí porque no tengo conocimiento de las causas y es posible que esté hollando lo más vital sin saberlo; y esa es mi mayor humildad, adivinaba.

Fragmento de Cerca del corazón salvaje, de Clarice Lispector. Capítulo 2

9.6.11

DE LA ORACIÓN I
PREPARAR Y DISPONER
Fragmentos de Cuéntame cómo rezas. Orar en primera persona, de Carlos G. Vallés
 
Mi padre Ignacio* comienza sus célebres Ejercicios Espirituales  comparándolos, en su clásica introducción, a los ejercicios corporales: «Así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corporales, por la mesma manera todo modo de preparar y disponer el ánima..., se llaman exercicios espirituales». Y me aprovecho de esta comparación para aplicar a los ejercicios de oración el buen consejo de los ejercicios físicos: lo sabio es escoger una manera de oración diaria que nos sea agradable practicar. Si no es así, pronto la dejaremos o, lo que en mi opinión es peor, ese rato diario de oración se transformará en algo rutinario, forzado, esclerotizado, que puede hacer más mal que bien, secando energías y endureciendo actitudes. Es esencial que el ejercicio nos guste si queremos perseverar en él.
[...] Después agarré la bicicleta. Mi ciudad de Ahmeabad y sus alrededores son totalmente llanos y una bicicleta sólida y pesada, sin cambio de marchas, es el vehículo ideal entre e tráfico espeso y animado de sus calles y carreteras. Ni yo mismo sé los kilómetros que habré recorrido pedaleándo alegremente por asfaltos recalentados o campiñas monzónicas a pleno pulmón sobre horizontes sin fin.
Después dejé también la bici. Ahora ando. Me encanta pasear. Una hora por la mañana y una hora por la tarde [...]

No quiero dejar pasar  la breve cita de Ignacio sin recalcar dos palabras que son clave en la vida de oración. Dice Ignacio que los ejercicios espirituales son para «preparar y disponer». Son palabras de exactitud teológica y consecuencias practicas. 
Todo esfuerzo -y a él nos consagramos con toda nuestra energía y nuestra ilusión- va enderezado a esa tarea humildemente concreta: preparar y disponer. La gracia de Dios está ya presente en ese preparar y disponer, y aprovechará después en plenitud la base de esa preparación y disposición para levantar sobre ella los caminos de sus encuentros  y los escenarios de su presencia. Así guardamos el equilibrio tan importante en tod empresa del espíritu: esfuerzo generoso sin remitir en nada, y confianza rendida en  esperar la acción de quien convierte esa preparación en realidad plena más allá de todo mérito o capacidad nuestros. Todo está en prepararse y prepararse con enstusiasmo. Lo demás vendrá a su tiempo.

¿Qué hago si ningún método de oración me atrae? Hablarlo suavemente con Dios. Ése puede ser un principio de oración.


*Se refiere a San Ignacio de Loyola.
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